30 septiembre 2014

MELISSA

Por: Babaila

"Ella quería que el tiempo pasara, quería olvidar y olvidarse a si misma..." 


El reloj siempre fue un adversario para la vida. Sin embargo, Melissa lo único que quería era tiempo. Se sentía ahogada por el silencio impasible de los pasos de su madre que la abandonó cuando pudo, odiaba el rigor espontáneo que surgía de las reglas ventajosas de varias de sus tías que se empecinaban en volverla servidora del altísimo; su abuela era permisiva y la dejaba correr siempre y cuando no saliera de la casa. Aunque todo esto le cavaba ferozmente el pecho, lo que más le dolía, era la debilidad y la tibieza extrema de su padre que nunca pudo ser eso, ni amigo, pero que juzgaba a fuego abierto conductas y pensamientos. Tampoco dudaba en sacar la mano y ponérsela en la cara cuando consideraba necesario.

Ella quería que el tiempo pasara, quería olvidar y olvidarse a si misma; quitarse las prendas que le pusieron cuando tuvo una amiga lesbiana y revestirse de ella, su amiga, que le mostró que los caminos del amor no tienen los mismos senderos, pero que ella no quiso caminar por esos llanuras de flores y manzanas porque las tradiciones pesan más que mil besos de un amor prohibido; quería sentirse prófuga de sus deseos y refugiarse en las profundidades de su cuerpo; quería, quería, quería.

Sus despertares eran tempranos y llenos de rocío en los brazos, de ojos sentados en valles tropicales donde las estaciones se confunden. Ya no era más ella. La arrancaron del momento definitivo de la consolidación con palabras necias que hicieron de ella una creación obsoleta y monstruosa; le recrearon cuentos de vírgenes en fosos de putas y solo putas; le quitaron el cabello la piel y el lenguaje y la pusieron a gobernar un lugar inexistente y primitivo con el peso de unas cadenas que otros habían creado en siglos de temor y oscuridad. Pero ella siguió. Caminaba tranquila con una sonrisa angustiosa que sacaba lágrimas en corazones sensibles; intentaba vivir ya que había comprendido que la vida es lo que uno decide hacer con lo que tiene y no con lo que le dan; supo que lo bello es todo lo que uno quiera llamar bello y que el amor no, no tiene significado si el alma está rota; entendió que la compañía es necesaria solo para los animales como ella y que el apego no se podía desprender de la humanidad.

Se acostumbró a no ser ella. A correr descalza por caminos de vidrios y alambres; las cicatrices le escribían por el cuerpo palabras que solo tenían significado para ella. Pero quería hacer algo, aunque fuera lo último. Se decidió. No quería prolongar, ni promulgar lo que se decía de ella. Las calumnias tienen alas propias, lo mío es diferente, yo no tengo alas y tampoco las busco, el que quiera cambiar su naturaleza que pague las consecuencias, que cambie su cerebro y su cuerpo, a mi me interesa ser más humana, más mujer, menos vida. Dicho esto, Melissa se abrazó hasta arrancarse los brazos y luego saltar de cualquier puente.

Imagen tomada de http://reparandolazos.blogspot.com/2012_08_01_archive.html

28 septiembre 2014

LA LLAVE

Maria Fernanda Cárdenas.



Un día cuando tenía la venda medio puesta y algo de interés por descubrir un poco más allá de lo que me han enseñado a ver, me encontré a una mujer, que sin importar su estado algo demacrado, conservaba una belleza natural, una belleza que ahora no se ve. La hallé con la mirada pérdida y en sus ojos solo una pequeña chispa brillaba, tenía un par de cadenas relucientes atadas de sus manos a su cadera y en sus pies la acompañaban un par de grilletes, con el largo suficiente para poder correr, pero también con un par de esferas lo suficientemente pesadas para que le fuera imposible volar; mientras observaba con detalle cada parte de su cuerpo, cada herida generada por los continuos intentos para salir de tales ataduras, cada marca encargada de mostrar esas frustraciones con las que ya no pudo pelear más y pasaron a ser un puñado de resignaciones, que golpeaban constantemente aquel cuerpo que con el tiempo se había vuelto más débil, vi como de su pequeño cuello colgaba otra cadena, pero ésta era delicada y de ninguna manera le lastimaba. Para mi sorpresa, el dije que llevaba aquella cadena, era una llave, una llave la cual luego de comparar por unos segundos, entendí que ésta era la encargada de liberar cada una de las bonitas ataduras. Me arriesgué y me acerca para capturar un poco de su atención. Yo nunca había recibido una mirada como esa; desolada y sin ganas de actuar más. Le di vida a mi voz y tartamudeando pregunte –Pero…Por qué…- al tiempo que señalaba tímidamente aquel collar con la solución a sus evidentes problemas; ella hizo una mueca simulando una sonrisa y con una voz ahoga me explico que para cuando había descubierto la llave, ya había perdido todo gusto por la libertad y ahora esas lindas cadenas no le brindaban más que seguridad; ignorando sus palabras y completamente convencida de que yo tenía la oportunidad de liberarla, dirigí mi mano hacia el collar, pero antes de alcanzarlo, tomó mi mano fuertemente, me miro con odio y susurro al oído –Tengo miedo de enfrentar la realidad.