Muchos estudiosos, casi de manera ligera, han resaltado el nombre de este escritor parisino desde la compleja perspectiva en que sus obras se nos presentan y desde su singular mundo de abstractos placeres que, a quienes han llegado a repasar sus páginas, fueron llevados, no sólo a la cumbre de sus más finas ideas, sino también al olvidado mundo de los días felices, cercenados por la ambición que traen el presente y –oculto bajo la máscara de ideal– el estrés del futuro. He aquí una serie de fragmentos que llevan a lugares enlagunados de la memoria, por conducto de Marcel Proust…
“Pero como en ninguno de aquellos gravados, por gustosamente que los ejercitara mi memoria, pude poner lo que ya tenía perdido hacía tiempo, es decir, el sentimiento que nos mueve, no a mirar una cosa como espectáculo, sino a creer en ella como un ser sin equivalente, ninguna de ellas señorea una parte tan honda de mi vida como el recuerdo de aquellos aspectos…”
“Y no es que a veces no aspirara a un gran cambio, que su vida careciera de esas horas excepcionales en que sentimos sed de algo distinto de lo existente, cuando las personas, que por falta de energía o imaginación no saben sacar de sí mismas un principio de renovación, piden al minuto que llega, al cartero que está llamando, que les traigan algo nuevo, aunque sea malo, un dolor, una emoción…”
“Cuando la sensibilidad, que la dicha hizo callar como arpa ociosa, quiere una mano que la haga resonar, aunque sea brutal, aunque la rompa…”
“Cuando la voluntad, que tan difícilmente conquistó el derecho de entregarse libremente, a sus deseos, y a sus penas, desea echar las riendas en manos de ocurrencias imperiosas, por crueles que sean…”
“…y al cabo de unos días ya estaba cansada de su confidenta de ayer, se arreglaba con la otra”
Citas: Por el camino de Swann
Elbert Coes
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