01 noviembre 2015

CARTA A MIS AMIGAS NOCTURNAS

Por: Bairon Ramírez Mejía

Fecha: por la mañana de hoy

Saltan unas hormigas desde mi cama hasta el teclado del computador que me regalaron a cuotas muy caras. En él empiezan a escribir una carta a su gran madre.

     En ella dicen que yo ronco mucho y no las dejo dormir. Me levantan entre todas, mientras yo sueño con hormigas culonas, y me meten debajo de la cama. Ellas se acuestan arriba, sobre mi cadáver. Se colocan los auriculares y suena ‘’Delirio’’ de los Yetis. De fondo, dizque, mis ronquidos silenciosos continúan.

     Entonces me sacan, abren la puerta con mucho cuidado, para no despertar a la gata asesina de hormigas nocturnas; y me llevan a deambular con ellas.

     Amanecemos ebrios de existencia, en el parque Simón Bolívar de una ciudad que me adoptó. Sentimos vergüenza. El señor Bolívar nos muestra sus testículos y sus vellos que no se ven con el reflejo de la luz mañanera. Empiezan a salir los transeúntes de sus nidos de cemento, bahareque y mierda. Nos juzgan por nuestra condición de seres taciturnos.

     Entonces, nos miramos a los ojos y a las patas. Pensamos en qué haremos en la noche. Decidimos que ellas dormirán, mientras yo salgo a buscarle trapos al caballero sobre el caballo.

     Les pido que me lleven entre todas a un lugar lindo.


     Ellas se burlan de mí y se van volando. 

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